Hemos empezado en esta semana el curso escolar. Libros, cuadernos, uniformes, listas…La cabeza se nos llena de asuntos que nos ocupan y preocupan: “tengo que empezar a estudiar desde el principio”, “¿quién me va a tocar en clase?”, “¿cuándo son los puentes y vacaciones?”, “se acabó lo bueno” o “ya está aquí mayo”.

Sin embargo, no deberíamos dejar pasar la ocasión en este momento, de “parar el carro” y sentarnos para tomar conciencia del momento tan especial que estamos iniciando. Hay que motivar todo este conjunto de actividades, esfuerzo, ilusiones y preocupaciones que se nos vienen encima. A corto plazo, lo importante es aprobar y pasar al curso siguiente. A medio plazo queremos conseguir superar etapas, la selectividad, una carrera o un trabajo nuevo.

Nos queda la meta más importante, la que se consigue a largo plazo: ¿qué persona quiero llegar a ser? ¿Qué es lo que me va a llevar a la felicidad al final del camino? ¿en qué voy a invertir mi vida? Y para responder estos interrogantes nos acompaña en el camino Jesús de Nazaret, el mejor amigo, el que no engaña, el que se entrega, el que nos ama.

Hoy, 21 de septiembre, hemos celebrado el inicio de curso con unas palabras de bienvenida en el teatro y un encuentro con las palabras de Jesús en la iglesia, al amparo de nuestra Madre, María Auxiliadora. Nos invita a invertir lo que somos y tenemos en la construcción de su Reino; un mundo de amor, justicia y paz para todos.

Comencemos a caminar con ilusión y alegría, renunciando a la comodidad y la indiferencia. Tenemos un tesoro por descubrir. ¡Ánimo y adelante!

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